Barcelona, 14 de Marzo de 2026

Ayer vimos La Guerra Los Rohirrim con los chicos. Me encantó. Está basada en unas pocas líneas de los Apéndices de El Señor de los Anillos, y situada unos 200 años antes de que Bilbo encuentre el anillo.
A los tolkiendili, los fans hardcore, que odian las comparaciones, quizá no les guste que haya visto algunos elementos de la saga artúrica en la película. Por ejemplo, las guerras de un rey contra sus propios señores para pacificar el reino.
¿Por qué la tercera edad del llamado “Legendarium” de Tolkien es la más desarrollada y la que más disfruta el gran público? Creo que en buena medida, porque a diferencia de las dos anteriores, está trazada por una virtud teologal fundamental para el mundo creado: la esperanza.
En este mundo BANI —frágil, angustiante, no lineal e incomprensible— donde todo parece desmoronarse y muchos paradigmas están en crisis —el futuro del trabajo, la inteligencia y la creatividad humanas como cima de lo creado—, la esperanza, la verdadera esperanza, cobra protagonismo.
Esta virtud, como algunas otras, sólo es verdadera cuando va perdiendo. Cuando no es lógica. Cuando lo lógico es estar desesperanzado.
Tolkien escribió en una época de desesperanza, muy parecida a la nuestra, porque se repiten dos elementos. Por un lado, el inicio de una mega revolución productiva que no respeta la naturaleza ni la naturaleza humana (el fordismo industrial y la cadena de montaje en el pasado, y la revolución digital y el inicio de la inteligencia artificial generativa en el presente). Y por otro lado, tal vez fruto de lo anterior, una carrera armamentista que fuerza las ocasiones para probar sus últimas innovaciones —inhumanas— y desemboca en un nuevo quiebre del orden mundial.
Ambas épocas reviven estructuralmente el pecado original: Adán y sus hijos pretenden definirse a sí mismos, en vez de definirse en relación con Dios. Reniegan, desligan su identidad de creatura y someten a la creación, no como un Dominus —un Señor que cuida y desarrolla—, sino como un tirano.
A veces cierro Instagram con la sensación de que me cuesta tener esperanza en el mundo actual.
Luego me acuerdo de que los pecados predilectos del enemigo son la soberbia y la desesperanza; que Dios no pierde batallas; y que estamos en el bando vencedor.
Y se me pasa.
Como a Helm Mano de Hierro.
Y a tí, ¿Qué historia —de Tolkien u otra— te ha ayudado a mantener la esperanza en momentos difíciles?